dimecres, 3 de juny del 2009

¡SUFRE!

Con frecuencia creemos que al no perdonar a otro éste sufre, lo cual puede ser verdad o le importe un comino, en realidad el que realmente sufre eres tú, es necesario renunciar a nuestro rencor para poder vivir.
El rencor nos envenena el alma, no nos permite alcanzar la paz interior, y cuando estamos aburridos jugamos a estar tristes, recordando y resintiendo los agravios que en el pasado nos acontecieron. El camino a la liberación interior es olvidar, tal vez esto no sea posible pero lo que debemos hacer es no recordar, levantar un muro y sellarlo como si se tratara de una tumba egipcia y cuando nos asalten los malos recuerdos alejarlos de inmediato.
Se calcula que aproximadamente tenemos 50 mil pensamientos al día, de ésos la gran mayoría son negativos, por ejemplo: “No sirvo para nada, estoy gordo, soy flojo, vivo en la mediocridad, no he logrado nada en la vida...”, en fin son tantos, la mayoría concentrados en nuestros defectos y por lo tanto también nos concentramos en los defectos de los demás. Llegamos al extremo que las deficiencias de los demás las tomamos como agravios personales, no les perdonamos que sean gordos, flojos, mediocres, que no hayan logrado nada en la vida, etc., y acumulamos rencores sin razón alguna, de por sí ya tenemos bastante con los agravios de los que hemos sido víctimas y además les agregamos otros rencores sin tener ni siquiera un papel protagonista. Así hay quien odia al marido de su amiga por el daño que le ha hecho, al vecino por la forma en que trata a sus hijas, a los musulmanes por la forma en que tratan a sus mujeres, el príncipe Carlos por su mala relación con Lady Di, en fin estamos a la búsqueda de odios para acumular a nuestro inventario.
Una cosa es estar consciente de las injusticias que se cometen a otros, nuestro deber es protestar y luchar para lograr un mundo más humano y justo, se hace necesario participar activamente en construir la sociedad que deseamos tener, pero es totalmente diferente el odiar buscando la venganza y la destrucción del agresor, Gandhi, Luther King, Sócrates, Jesucristo, nos mostraron el camino de la lucha sin violencia, perdonando y hasta amando al enemigo.
El perdonar es el ejercicio sublime del amor, hay ocasiones que nos parece que es imposible pero si realmente queremos alcanzar la plena libertad se hace necesario e indispensable el lograrlo.
Los líderes auténticos saben que tienen que seguir avanzando permanentemente en alcanzar sus sueños, están conscientes que el odio les resta fuerza, los desgasta inútilmente, no se pueden dar el lujo de perder su tiempo, tienen tanta prisa que no desperdician un minuto para sumergirse en ese vertedero tóxico que clama venganza. Avanzan por la vida a tal velocidad que mucha gente se pregunta cómo lograron tanto en tan poco tiempo, su secreto fue perdonar y no mucho tiempo después sino casi de inmediato liberan a su enemigo del rencor, tienen una virtud que ejercen constantemente: la comprensión, si no lo logran de inmediato, lo intentan con tal insistencia hasta que logran liberarse.
Reflexiona:
1. ¿Podrías hacer un inventario ahora mismo de tus odios y rencores?
2. ¿Serás capaz de perdonarlos y atreverte a ser libre?
3. Si es necesaria una reconciliación con el que te ofendió, ¿estás dispuesto a buscarla?


Miguel Ángel Cornejo

Fuente: Enciclopedia de la Excelencia
Los secretos del líder
Tomo IX, pág. 3999

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